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Tánger
También conocida como "La Ciudad Blanca", Tánger se encuentra en la costa atlántica de Marruecos. Con sus mercados, su cocina tradicional marroquí y muchas atracciones cercanas, es el destino perfecto para las personas que buscan aunar la aventura con el relax.
Por ser la ciudad africana más cercana a Europa, Tánger fue una vez conocida como la Perla del Mediterráneo. Siempre ha sido de suma importancia gracias a su posición en el cruce del Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo.
Si bien es una ciudad y puerto de entrada muy popular para los turistas, Tánger es también hogar de algunos de los mejores timadores del mundo. Su sabor internacional sigue siendo fuerte, al igual que su reputación de atraer negocios de dudosa reputación y a extranjeros inadaptados.
Tal vez no sea tan interesante como Fez o Marrakech, pero aún conserva un aura de “vale todo” que a lo largo de los años ha atraído a escritores como Paul y Jane Bowles, William Burroughs, Allen Ginsburg y Tennessee Williams, y artistas de la talla de Delacroix y Matisse.
Nosotros elegimos un lugar especial para alojarnos, el Riad Tanja, un lujoso y pequeño hotel en la Medina. Con un ambiente espectacular, una maravillosa vista y unas habitaciones enormes, disfrutamos mucho de nuestra estadía allí, gracias también a la excelente atención del personal, siempre muy atento.
A pesar de que el casco antiguo de la ciudad está bastante deteriorado, sin duda tiene mucho encanto. El pequeño zoco – mercado – del barrio antiguo de la Medina, es ideal para tomar un café y como punto de partida para explorar la zona.
Sólo comenzamos a pasear por el laberinto de callejones y encontramos el camino al antiguo Palacio del Sultán Dar el-Makhzen, con vistas al estrecho de Gibraltar.
El Museo de Arte Contemporáneo, ubicado en el palacio, fue nuestra recompensa por la escalada a la colina. Merece ser visitado, no sólo por su colección de objetos, que abarca desde la época de los fenicios a los tiempos modernos, sino también para admirar la bella construcción y el jardín.
También visitamos el Museo del Legado Americano, un floreciente centro cultural, museo, centro de conferencias y biblioteca. El museo exhibe una gran colección de arte y artículos históricos. También alberga el Museo Paul Bowles, dedicado al escritor y compositor que vivió la mayor parte de su vida en Tánger.
Caminando desde el pequeño zoco en la Medina por la Rue Jemaa el-Kebir (anteriormente Rue de la Marina), llegamos a la Gran Mezquita. Se dice que fue el emplazamiento de un templo romano, y que en un tiempo albergó una iglesia construida por los portugueses. Siguiendo un poco hacia delante pudimos disfrutar de una pintoresca vista del puerto.
Una vez que logras escapar de la zona portuaria, descubres por qué Tánger es famosa por sus largas playas de arena blanca, donde se puede disfrutar practicando windsurf y montando en camello. Hay muchas agradables playas cercanas, tanto en el Mediterráneo como sobre la costa atlántica.
A la hora de comer, hay varias opciones disponibles, predominando la cocina marroquí, la francesa y la mediterránea. Hay muchos restaurantes a lo largo de la Avenida Mohamed VI, donde se puede disfrutar de una agradable comida y una copa de vino mirando el mar.
Un restaurante de cocina local que no puedes dejar de probar es el Marhaba Palace, en Rue de la Kasbah. Decorado en estilo tradicional, ofrece música folclórica y espectáculos en vivo. Una comida clásica allí empieza por una sopa, seguida por ensalada, cuscús con tajina y postre, todo muy bien presentado.
A la noche, hay muchos cafés y bares donde ir a cenar o pasar el rato antes de salir a bailar o ir a dormir. En el barrio Ville Nouvelle se encuentran las mejores opciones, destacando el Café de París y el Morocco Palace.
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